Sin palabras en tus labios. Tan solo pude descubrir lo que esa nube gris, ese símbolo de un falso amor, había creado con el paso de los años.
Sin ni siquiera poder reclamarte nada, dejé que te marcharas, soportando el amargo sabor de un adiós y el constante llanto de un amor perdido.
Recuerdo el día en que partiste. Recuerdo que mi confusión y mi dolor cobraron se hicieron fuertes de repente, al ver que mis lágrimas te hacían reir. Y el saber que eras indispensable para mí... solo avivaba más el dolor.
Al dejarme, rompías juramentos de amor sagrados, olvidabas sueños construidos por los dos, abandonabas en el pasado noches de pasión que solo tu y yo pudimos inventar.
La soledad desgarra mi corazón y de repente muere, sintiéndose víctima de un sentimiento demasiado fuerte que existió antaño. La amargura que me produce no sentir el tacto de tus manos en mi piel, terrible.
Cuando te perdí, y desde que te perdí, no veo más que sombras. Sombras que me guían hasta un fin incierto.
Y a mí solo me queda implorar, pedir un poco más de tiempo, por si algún día decides regresar.
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